Vamos al cine: El puente de los espías

Gracias a un descuento de Cinesa, por el que pagamos dos entradas a 11 euros, este humilde escriba se plantó de nuevo en el,cine dispuesto a ver El puente de los espías, ultima obra dirigida por Steven Spielberg y protagonizada por Tom Hanks. El guion lo firman los hermanos Coen, junto con Matt Charman, por lo que en principio parece que se dan los mimbres para una buena  película.
Sin que sirva de precedente, en un mes he ido dos veces al cine. Iría más, la verdad, si las obligaciones familiares lo permitieran y, sobre todo, si no costara 9 euros la entrada (uno recuerda cuando costaban 600 pesetas, poco más de 3 euros, hace 15 años aproximadamente). Ya sé que la piratería ha hecho daño, pero semejante escalada del precio no tiene justificación alguna. Al final sólo han conseguido alejar a la gente de las salas, salvo en ocasiones contadas, porque cuando hay ocasión de ir a precios razonables, la gente llena los cines.

Pero bueno, dejémonos de politiqueos y volvamos a lo que importa, que es la película.
El argumento, a priori, es sencillo: un abogado americano se ve en la tesitura de defender a un espía soviético. Mientras tanto, la URSS captura a un soldado americano, por lo que a nivel extra gubernamental nuestro querido picapleitos se ve inmerso en la tarea de negociar un canje. A partir de ahí se suceden nuevos hechos que dificultan las negociaciones, con distintos personajes luchando por salvaguardar sus intereses.
La película está basada en hechos y personajes reales, como fue la crisis diplomática iniciada tras la captura de un avión de espionaje U-2 en plena misión por parte del ejército ruso cuando sobrevolaba su territorio.

 

El protagonista absoluto de la cinta es, sin duda, el sr. Hanks, un actor que me produce indigestiones severas. Vuelve a encontrarse en el papel que mejor le va, el de honrado padre de familia que se enfrenta a una tarea de grandes dimensiones que puede superarle a el y su familia. No obstante, cumple con su papel, y realiza una actuación convincente, a pesar de encontrar muchos tics y gestos que ya le hemos visto en otras ocasiones.
Me sorprendió, en cambio, la actuación de Mark Rylance, que encarna al espía soviético Rudolf Abel. Muy sobria y contenida, consigue que enseguida tomes aprecio a ese ruso que se sienta a esperar con aparente resignación lo que le depare el destino. El resto de secundarios cumplen sobradamente su trabajo, haciendo creíbles a sus personajes y dando buen tono a la película.
La historia está bien contada, pero se nota por todas partes que es un producto Spielberg: tenemos las ocasionales pinceladas de humor, los momentos pretendidamente dramáticos y el final con tufo a moralina. Además, al tener como telón de fondo la Guerra Fría, y ambientarse en el momento de la división de Alemania, acaba teniendo esos ramalazos patrioteros yanquis que chirrían bastante, pero es cierto que son contados y que no contaminan la película.
Con una buena fotografía y una banda sonora que realza y acompaña perfectamente la acción, creo que se puede decir que esta El puente de los espías es una buena y entretenida película. Una apuesta segura para pasar una buena tarde.

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