Clásicos básicos X: Slayer – Reign in Blood

Para muchos, es el mejor disco de thrash metal de la historia. Así de contundente se muestra gran parte de la crítica musical respecto al disco que recuperamos hoy, unánimemente considerado una de las piedras angulares del thrash metal: Reign in Blood.
Slayer no necesitan presentación. Señalados como uno de los 4 grandes grupos de thrash metal (aunque yo los reduciría a tres, no sé qué pintan Anthrax ahí), con el curso de los años no han perdido un ápice de intensidad y brutalidad, aun habiendo sido superados en la misma por otros estilos. No hay grupo de death o black metal que, en el fondo de sus influencias, no tenga presentes a Slayer. Casi 30 años después siguen al pie del cañón, y si bien su última obra, el aquí comentado Repentless, no llega a la altura de esta joya, al menos se puede hablar de un disco digno y fiel al legado de la banda.
Se trata del tercer álbum de Slayer, quienes ya habían dejado buena muestra de sus intenciones con sus dos primeros lanzamientos. Hasta ese momento,  no obstante, podíamos decir que no eran más que una versión acelerada de Judas Priest o la respuesta yanqui a Venom.

Media hora. Es lo que necesitaron Slayer para hacer historia. La media hora más rápida e intensa que recuerdo (sin que haya grindcore de por medio). Recordemos que estamos en 1986, año en el que sólo Possessed o Bathory han publicado álbumes completos, ya que no será hasta 1987 cuando Napalm Death publiquen Scum y Death el Scream Bloody Gore, dando carta de nacimiento propiamente dicha a la escena del death y el grindcore. Es más, en este mismo año Metallica deslumbraban con el Master of Puppets, el disco que les puso en la rampa de salida hacia el megaestrellato y que, sin embargo, supone el inicio de la bajada de revoluciones y la aparición de influencias “progresivas” en su música.
Slayer en 1986
Pero aquí no hay nada de eso, esto es un festival rompecuellos en toda regla. No sobra un sólo tema, y salvo un par de partes más pesadas en Jesus Saves y Criminally Insane, el resto del álbum va a mil por hora. Sin ser un prodigio de técnica, hay que destacar la precisión con que encajan todas las piezas. Todavía hoy en día es fácil encontrarse grupos tocando toda velocidad y en los que cada instrumento va a su bola, por lo que lograr semejante compenetración cuando estás creando un género es digno de alabanza. Quizá los solos son el punto más débil, tirando casi siempre de palancazo, pero también hay que decir que no creo que nadie en este planeta escuche Slayer por los solos.
¿Qué se puede decir de un disco que empieza con Angel of Death y acaba con Raining Blood? Estos dos temas, que justificarian la carrera entera de más de una banda no son más que la punta del iceberg. En medio joyas como las ya citadas Jesus Saves y Criminally Insane, pero también hay que quitarse el sombrero ante Altar of Sacrifice o Epidemic.

 

Después de esta joya Slayer todavía nos regalaron South of Heaven y Seasons In the Abyss, discos más lentos y pesados. Como dijo Kerry King en una entrevista, por este camino ya no podían ir más lejos, y hay que decir que razón no le falta. Igualar semejante despliegue de violencia y nivel compositivo era una ardua tarea, y Slayer optaron por explorar nuevos territorios.

Como el caviar o los perfumes más caros, las esencias vienen en tarros pequeños. Reign in Blood es la prueba definitiva de ello.

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