Vamos al cine: Star Wars Rogue One

La compra de Lucasfilm por parte de Disney ya empieza a dar sus frutos en forma de las tan prometidas películas del universo Star Wars. Con el listón no demasiado alto gracias a los Episodios I, II y III, esperábamos como agua de mayo el Episodio VII, libres para empezar de cero tras el fin de la trilogía mítica. El resultado, como ya conté aquí, no pudo ser más desolador. Disney/Lucas nos vendieron algo que ya habíamos visto, sólo que remozado y adaptado a los nuevos tiempos, con algún guiño aquí y allí para los fans de larga data. Un amigo la llamó fan-film y no le faltaba razón.

Star Wars: Rogue One supone el estreno de la línea de películas paralelas basadas en el universo de la fuerza (4000 millones de dólares no se amortizan así como así, dicen). Vamos a tener varios spinoffs basados en Han Solo, Bobba Fett (bueno, éste se rumorea) y seguro que en un brainstorming ha salido la idea de sacar un álbum de la banda de la cantina de Mos Eisley (y si no, gurús de Disney, os vendo la idea baratita).
Así que, como fans locazas que somos de la saga, allá que nos fuimos pertrechados con nuestro cubo de palomitas a ver si esta vez remedaban el paso en falso del Episodio VII. Armados de paciencia con los críos de las filas traseras (nunca más a sesión de tarde), y tras una breve espera de media hora, la sala se oscureció y en la pantalla brilló la frase que ha dado comienzo a todas las películas de la saga…
Lo primero que choca: la banda sonora es nueva. Esto quiere decir que, salvo en la aparición de Darth Vader y otro par de escenas puntuales, no suena una sola nota de la partitura original. Un gran detalle, por lo que conlleva de no abusar de los elementos míticos de la saga, además de, supongo, querer dotar de personalidad propia a la película.
Otra de las cosas que la diferencia en gran manera del Episodio VII son los personajes. No sé si es una cuestión de reparto, de guión o de dirección, pero el dúo protagonista, Felicity Jones (Jyn Erso) y Diego Luna (Cassian Andor) tienen más carisma en una uña que todo el elenco de la nueva serie (salvando a Daisy Ridley –Rey-, que si creo que cumplía). Y los secundarios no dan risa, sino que complementan perfectamente a los protagonistas. Nada de chistes forzados ni personajes dirigidos a la venta de muñecos: aquí todo el mundo tiene una razón de ser. Huelga decir que la comparación entre Darth Vader y Kylo Ren es vergonzosa: incluso en pijama y zapatillas de pompones Darth Vader se merienda al tal Ren.

Son también de destacar los numerosos guiños a los fans de la serie: es una película dirigida, como mínimo, a aquellos que crecimos con la trilogía original. Cameos más o menos largos de varios personajes que sirven para unir esta cinta con el Episodio IV pero que no resultan metidos con calzador. Algunos tienen papeles de importancia en esta historia, otros son una especie de “Buscando a Wally“.

Los pelos de punta.

 

Por último, pero posiblemente lo más importante: es un peliculón. La historia, a grandes rasgos, ya es conocida para todos: Rogue One cuenta cómo la Rebelión consiguió hacerse con los planos de la Estrella de la Muerte para que Luke Skywalker haya estado 39 años llevándose los honores por haberla destruido. El guión, el cómo introducen estos hechos dentro del universo Star Wars, es un verdadero gran trabajo.

Además, derrumba varios mitos: para empezar, despoja a la Rebelión de ese aura de bondad que tenía, al menos en las primeras películas, al ser quienes luchaban contra el Imperio. Les presenta como un grupo político opositor al Imperio, dentro del cual hay muchas visiones distintas, desde la hiperbélica de Saw Gerrera a la de otros dispuestos a rendirse nada más conocer la existencia de la Estrella de la Muerte. De hecho, la escena de batalla en la ciudad de Jeddah recuerda poderosamente al ataque a los humvees americanos en Black Hawk Derribado. Otro mito que cae es que en las películas originales de Star Wars la muerte es algo que está ahí pero no hay “crueldad”. Aquí, en cambio, si hay que rematar a un soldado imperial herido con un disparo en la cabeza, pues se muestra la escena fríamente y ya está.

Es una película ligeramente desasosegadora: el mensaje que a mí me quedó a lo largo de la misma es uno de pérdida y sacrificio. Es curioso que en varios momentos álgidos de la cinta aparezca la palabra “esperanza” (recordemos el título del renombrado Episodio IV, Una nueva esperanza), sobre todo en cuando todo el metraje te va dejando una sensación cada vez más oscura. Evidentemente, hay que dar la sensación de que no hay nada que hacer contra el Imperio, pero las escenas finales son ciertamente descorazonadoras. A mí, al menos, si que me dejó un regustillo amargo.

Por último, no puedo dejar de mencionar la manera de enganchar este Rogue One al Episodio IV: no lo podían haber hecho mejor. Se te ponen los pelos de punta sólo de pensar que una película acaba justo antes de donde empieza la otra, sin artimañas increíbles ni retorcer el guión.

En resumen, una película que puede llevar más que dignamente el nombre de Star Wars. Pone el listón muy alto a todo lo que venga detrás, por lo que espero que los guionistas se apliquen!!!

PD: Sirva esta pequeña crónica como particular homenaje a Carrie Fisher. Que la fuerza le acompañe allá donde esté.

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