Morbid Angel – Kingdoms Disdained (2017)

el

morbidangel_kingdomsNo está siendo un milenio fácil para Morbid Angel. Con la publicación en 2003 de su octavo álbum, Heretic, comenzó un ir y venir de gente en la banda que afectó hasta a los cimientos de la misma, con la salida de Pete Sandoval. Tras un largo silencio, la tan cacareada reunión de David Vincent con Morbid Angel dio a luz a aquel infausto Illud Divinum Insanus. Tras la gira del álbum, teloneando a Kreator y en la que no tocaron un sólo tema de dicho disco, la reunión llegó a un abrupto final. De hecho, la formación se desintegró, quedando únicamente el incombustible Trey Azagtoth al frente de la banda.

Han pasado 6 años desde aquel disco y Morbid Angel están de vuelta. Tras reclutar de nuevo a Steve Tucker al bajo y voz (ya estuvo a cargo de esta tarea entre 1998 y 2006), se ha completado la formación con Scott Fuller a la batería (Abysmal Dawn) y el desconocido (para mí) Dan Vadim Von a la segunda guitarra. Músicos de garantía para recuperar su puesto en la escena.

Así que difícil papeleta la que afrontan Morbid Angel, reclamar su hueco como una de las bandas más influyentes del death metal mientras hacen olvidar el tropezón que supuso su último disco.

Lo primero que uno aprecia es el oscurecimiento general de la música. Sigue siendo Morbid Angel, pero da la sensación de que han bajado aún más la afinación. Es, además, un sonido mucho más seco, como si estuviera comprimido, sobre todo en la batería. Me recuerda mucho a Incantation. Parece una vuelta a los 90 y a la vez un intento de ponerse a la altura de los grupos más brutales de la última década. Primera sorpresa, Morbid Angel ya no son referentes, sino que siguen lo que hacen otros.

En cuanto a los temas, pues Morbid Angel de toda la vida. Todos los ingredientes que saltaron por la ventana con el Illud Divinum Insanus están aquí, desde los ritmos lentos y pesados a las partes ultrarrapidas, con ese doble bombo omnipresente herencia del amigo Pete Sandoval, huido por no se sabe bien qué razón. Steve Tucker ruge como si fuera la mismísima voz del infierno y las guitarras cortan como cuchillas, aunque ya casi no hay solos de aquellos que Trey Azagtoth solía sacarse en cada tema.

Y aún así, le falta algo. Es como si después de su anterior fiasco, Morbid Angel quisieran demostrar que a death metal no les gana nadie y para ello hubieran sacado el disco más brutal que pudieran. Tiene temazos, como The Righteous Voice, Piles of Little Arms o The Pilars Crumbling, pero en el resto el sonido tan absolutamente pesado hace que se coma cualquier atisbo de melodía que pudiera haber.

En cualquier caso, un trabajo mucho más ortodoxo de Morbid Angel, una vuelta al death metal y yo diría que incluso una involución a un sonido más simple, oscuro y pétreo, dejando de lado exhibiciones técnicas. Es un buen disco, que se acerca a los trabajos clásicos de la banda, pero que al menos deja al infame Illud Divinum Insanus como una mala pesadilla que olvidar.

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