Terrorizer – Caustic Attack (2018)

terrorizer-causticQué cosas. Cuando ya pensaba que Terrorizer eran definitivamente historia y que el mejor batería de death metal que habrá pisado el planeta, Pete “Commando” Sandoval, había desaparecido definitivamente de la escena, resulta que me encuentro que ni una ni otra: Terrorizer se han reencarnado por tercera vez y Pete Sandoval sigue dando guerra a los parches.

La historia de Terrorizer es larga: fueron una de las bandas pioneras del grindcore. Formados en 1986, en sus filas militaban Pete Sandoval (batería), Jesse Pintado (guitarra) y Oscar García (voz y guitarra) y Alfred Estrada (bajo). Tras un par de demos y un EP compartido con Nausea, se disolvieron en 1988 tras el fichaje de Sandoval por Morbid Angel y de Jesse Pintado. No obstante, sacaron tiempo para reunirse brevemente en 1989 y grabar el clásico World Downfall, volviendo a quedar inactiva hasta 2005.

Y aquí es donde empieza el baile: en 2005 sólo Pintado y Sandoval continuaban respecto de la formación del World Downfall. La reunión fue desgraciadamente breve ya que en 2006 Jesse Pintado fallecía repentinamente, dándoles tiempo a publicar el Darker Days Ahead. Pero en 2009 Sandoval ponía de nuevo la banda en marcha, ya con él como único miembro original, lanzando en 2012 el álbum Hordes of Zombies. Esto a pesar de la existencia paralela de unos Terrorizer LA, auspiciados por la familia de Jesse Pintado con el vocalista original Oscar García al frente. Vamos, lo que viene siendo un desmadre absoluto.

Este Caustic Attack es, por tanto, el cuarto álbum de Terrorizer y segundo desde la última reactivación en 2009. Huelga decir que, hasta ahora, ninguno de los otros dos discos anteriores se hallaba siquiera cerca del nivel de su debut. Producido por el afamado Jason Suecof (ingeniero y/o productor de Trivium, Daath Devildriver, Deicide y mil proyectos más), el sonido es nítido y cristalino. Demasiado para un grupo de grindcore, aunque en este álbum Terrorizer están más cerca del death metal (quizá demasiado). Se echa de menos un poco de la suciedad sonora que suele ser seña de este género. Para mí demasiado suena demasiado pulido.

El disco es un torbellino. 14 temas en 43 minutos tocados a piñón fijo, sin apenas un respiro. No hay espacio para solos o melodías complejas, tan sólo riffs tocados a toda velocidad, como en Invasion, pero también hay espacio para el descanso a través de alguna parte más pesada como en Turbulence, Infiltration, The Downtrodden, que sirven para dar algo de variedad al disco.

Sin embargo, para mí el problema está en que los temas se alargan demasiado. En lugar de presentar temas cortos de 2 minutos a piñón, los alargan demasiado hasta los 3-4 minutos. De esta manera, temas  destacables como Trench of Corruption (que tiene un par de riffs memorables) o Sharp Knives acaban perdiendo pegada ya que de un tema corto, rápido e intenso pasamos a tener un tema repetitivo y que no aporta nada.

 Pete Sandoval da muestras de estar en plena forma y que los problemas de salud del pasado ya son historia, y los nuevos miembros ejecutan sus partes a la perfección y sin problemas para seguirle al Sr. Sandoval. No está mal, es un disco intenso, rápido y frenético, pero no tiene nada “especial”. Los temas son lo suficientemente variados para no ser repetitivos, pero la excesiva duración de algunos hacen que acabe por ser aburrido y que no termine de enganchar.

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