Nailed to Obscurity – Black Frost (2019)

Nailed-to-Obscurity_Black-FrostHoy toca reseñar cuarto álbum de esta banda alemana, primero que publican a través de la todopoderosa Nuclear Blast. Desde su formación en 2005 tienen publicados tres discos, publicados en 2007, 2013 y 2017 respectivamente.

Nailed to Obscurity practican una mezcla entre el death metal melódico y el doom metal más melancólico que les sitúa cerca de los primeros My Dying Bride o de bandas más actuales como Swallow the Sun o Insomnium. Es decir, temas tocados a medio tiempo, con una gran importancia de la melodía y ese efecto de “acorde infinito” que queda suspendido mientras van avanzando los temas.

El disco suena muy bien, como no podía ser al haberse grabado en los Woodshed Studios alemanes y contar con V. Santura (Obscura, Dark Fortress) a los mandos. Con un perfecto equilibrio entre los instrumentos, el sonido tiene ese aroma que remite a los primeros años del doom/death, pero sonando mucho más limpio. A mí me recuerda mucho a cómo suenan los últimos discos de Insomnium, por ejemplo. Es una asociación que haces casi involuntariamente en cuanto empiezan a sonar los primeros acordes.

Ya desde los primeros compases del inicial Black Frost se aprecia la pesadez y el pesimismo que destilan los temas. Cumple todos los estereotipos del género, pero ejecutados con un gusto exquisito, fundiendo partes oscuras con otras más rápidas.

Hay temas más cañeros como Tears of the Eyeless, que tiene un buen par de riffs y permite al vocalista lucir su dominio de la voz limpia. Es un tema más cañero, más cercano a la vertiente death metal de la banda, como The Aberrant Host, que aúna melodía e intensidad a partes iguales. Por contra, los temas finales (Cipher,  Resonance y Road to Perdition) se inclinan, por el contrario, por la vertiente más melancólica, puramente doom, oscura y pesada

En resumen, es un buen disco de doom/death melódico y melancólico. Los temas son buenos, los riffs interesantes y es variado como para no resultar aburrido, pero el mayor problema es la total falta de personalidad de la banda. Apenas hay toques propios en su sonido, limitándose a replicar (magistralmente, eso sí) fórmulas que han hecho exitosos a otros con antelación, lo que lastra un poco la sensación final.

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