Deeds of Flesh – Nucleus (2020)

La muerte de Erik Lindmark supuso un fuerte golpe para la escena del death metal más brutal. Su sello, Unique Leader Records, se reordenó y ha mantenido su actividad. Peor suerte parecía que iba a correr su banda, los inconmensurables Deeds of Flesh, de los que Lindmark era guitarrista, vocalista, fundador y único miembro original.

Cuando Lindmark falleció en 2018 habían pasado cinco años desde el último lanzamiento de la banda, Portals to Canaan. La música de Nucleus ya estaba escrita (y parcialmente grabada), por lo que tras un periodo de asentamiento los miembros supervivientes de la banda (Craig Peters (guitarra) Iván Munguia (bajo) y el batería Darren Cerca) retomaron la grabación con el objetivo de convertir el nuevo álbum en un homenaje a Lindmark. A ellos se unieron Jacoby Kingston, quien pusiera las voces en los primeros álbumes de la banda, y el ex-batería Mike Hamilton, que echó una mano completando las letras.

Pero no sólo eso, como mejor homenaje posible han contado con la colaboración de numerosos vocalistas de la escena death metalera: entre otros participan Bill Robinson (Decrepit Birth), Luc Lemay (Gorguts), John Gallagher (Dying Fetus) o George Corpsegrinder (Cannibal Corpse). Incluso Frank Mullen (ex-Suffocation) ha vuelto de su retiro para añadir su voz a este álbum.

Pero que semejante elenco no eclipse lo principal, la música. Deeds of Flesh fueron unos de los pioneros del death metal técnico y ultrabrutal, y en esas lides siguen manejándose. Temas rápidos, con pasajes técnicamente enrevesados ejecutados a la perfección. La producción, obra de Zach Ohren, suena limpia y nítida, permitiendo apreciar perfectamente todo lo que está ocurriendo.

Los temas están a la altura. El disco empieza muy fuerte, con un Alyen Scourge muy técnico, con cambios de ritmo entre partes pesadas y ultrarrápidas, constantes arpegios y armónicos. Le sigue el menos técnico pero más directo Ascension Vortex; otro trallazo como Catacombs of the Monolith recupera la senda técnica y rápida, con un pegadizo riff sobre el doble bombo. La alternancia entre partes rápidas y pesadas sigue en Ethereal Ancestors y su buen solo y melodía, siendo Nucleus la joya del disco: un tema complejo, con una buena melodía de guitarra, en el que se van conjugando las partes rápidas y pesadas con la aparición de algunos breaks y un estribillo lento, pesado y pegadizo.

No sé si este álbum será el canto del cisne de Deeds of Flesh o el inicio de una nueva etapa. Pero desde luego, como homenaje a Erik Lindmark, no podían haberlo hecho mejor. Un apabullante trabajo, entretenido y que se pasa volando.

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