At the Gates – The Nightmare of Being (2021)

Tras su paréntesis entre 1996 y 2010, parece que At The Gates han vuelto con ganas de recuperar el tiempo perdido. Este The Nightmare of Being es el tercer álbum que publican desde su resurrección, continuando con la serie de títulos grandilocuentes y vagamente filosóficos que han adpotado desde su retorno.

Mantienen el lineup clásico, con la única adición del guitarrista Jonas Stalhammar, quien ya sustituyera en su anterior To Drink from the Night Itself a Anders Björler (el gemelo guitarrista). En 2017 Anders finalmente cumplió con la decisión con la que venía amagando desde hace varios años y abandonó la escena cansado de las grabaciones, las giras y, en definitiva, el metal.

Grabado, mezclado y masterizado por Jens Bogren, el disco goza de un muy buen sonido, fácilmente reconocible como el propio de At The Gates: guitarras potentes, bajo poderoso y batería contundente. La fórmula, que cientos de grupos han copiado, en manos de los creadores sigue funcionando. Eso sí, los años no pasan en balde y a mí me ha dado la sensación de que la voz de Tompa está cascada y apenas tiene fuerza. Es más, hay momentos que parece que está asfixiado y no llega, pero otros en los que no suena tan mal.

En cuanto a los temas, tenemos un poco de todo, aunque he de decir que he acabado un poco decepcionado. Hay tres temas muy buenos (Spectre of Extinction, Touched by the White Hands of Death y The Abstract Enthroned, al que la sección de cuerdas del final le da un aire genial), pero el resto del disco no rinde al mismo nivel. Hay fogonazos repartidos aquí y allí (la melodía de The Paradox, el riff pegadizo de The Nightmare of Being, algunas partes de Eternal Winter of Reason), pero diría que son temas reguleros, siendo algunas canciones auténtico relleno (The Fall into Time, no miro a nadie) y otras que no sabes muy bien si se han escapado de un proyecto paralelo (Garden of Cyrus y Cosmic Pessimism, ¿me oís?) porque no casan en absoluto con el resto del álbum.

A mí me ha dejado muy frío. Los tres temas buenos son muy buenos, cierto, pero 13 minutos y medio de música no justifican los restantes 32 minutos de plomo. Pasarte la mitad del tiempo mirando cuánto queda del disco no es buena señal…

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