Thulcandra – A Dying Wish (2021)

Cómo echamos de menos a Dissection. Sus dos primeros discos, The Somberlain y Storm of the Light’s Bane son dos obras maestras del black/death sueco melódico. La banda era criatura de Jon Nodtveidt y son las propias vicisitudes vitales del músico las que marcaron la trayectoria de Dissection: primero su condena por asesinato, que le tuvo fuera de la circulación entre 1997 y 2004 y, segundo, su suicidio en 2006.

A la sombra de Dissection crecieron numerosas bandas (Sacramentum, Ninkharsag, Naglfar…), algunas con más personalidad que otras. Que quince años después siga habiendo bandas que beben directamente del legado de Dissection es el mejor homenaje que quizá podría hacerse a su música. Thulcandra, banda fundada por Steffen Kummerer de Obscura, es una de las que más ha interiorizado el legado de Dissection, Así han facturado tres discos de un buen death/black melódico pero exento de cualquier atisbo de originalidad (es que hasta las portadas están fusiladas a los suecos).

El fundador Kummerer es el único miembro constante de la banda. Entre 2008 y 2017 estuvo acompañado de los hermanos Ludwig (guitarra y batería), pero después la formación ha sido un constante entrar y salir de músicos, con la última incorporación del bajista Carsten Schorn en sustitución del fallecido Christian Kratzer. Completan la formación el batería Erebos (Nailed to Obscurity) y el guitarrista M. Delastik (Hardwaith).

En su afán de volver a las raíces y sonar aún más suecos han dejado de grabar con V. Santura en sus Woodshed Studios y se han ido a los legendarios Unisound a grabar con Dan Swanö, quien casualmente fue el ingeniero de sonido en los dos primeros álbumes de Dissection. ¿El resultado? Como todo aquello en lo que está metido Swanö, el disco suena tremendo, con un sonido de guitarra frío y seco y una mayor presencia del bajo que otorga a los temas un sonido más pesado. Destacar también que el cambio de registro de Steffen Kummerer, alejado de los guturales que hace en Obscura, hacia una voz más rasgada.

Lo malo del disco es que tienen un esquema de canción y lo repiten hasta la saciedad. A grandes rasgos, todos empiezan a gran velocidad para después bajar las revoluciones y volver a acelerar al final. No hay variaciones en esta estructura, lo que da la sensación de repetición en el transcurso del disco, aunque la riqueza y variedad de melodías que podemos oír a lo largo del mismo hace que la escucha nunca peque de aburrida. Yo destacaría el inicial Funeral Pyre, en la más pura onda Dissection, el rapidísimo Scarred Grandeur y la traca final con A Shining Abyss, con una parte pegadiza con acompañamiento de teclado y una sección media más atmosférica, el rápido Devouring Darkness y A Dying Wish, donde tras la apertura a base de guitarras acústicas pasa a un ritmo pegadizo hasta la parte final, donde se dispara la velocidad.

Thulcandra se han sacado de la manga un disco tremendo. Las únicas pegas que se les puede poner es que repiten mucho la estructura de los temas y que se les nota demasiado su amor por Dissection, pero por lo demás es un gran trabajo.

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