Leyendas del Rock 2022 – Día 2

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Con las pilas recargadas tras una noche de descanso en el camping y una mañana echada en la piscina del polideportivo de Villena, venía uno de los días duros del festival en cuanto a bandas para ver.

El Leyendas no fue ajeno a la plaga de bajas de última hora y, por distintos motivos, Sweet, Cemican y Mägo de Öz se cayeron del cartel. En el caso de los mexicanos Cemican fue una verdadera pena, porque su propuesta de metal azteca me atraía mucho, mientras que Sweet es una banda que no conozco mucho (nada) y a Mägo de Öz les perdí la pista hace muuuchos años.

Empezamos pronto y a las 14:50 los alemanes Feuerschwantz ya estaban sobre las tablas de uno de los escenarios principales, el Jesús de la Rosa. Famosos por su épica versión del Warriors of the World de Manowar, demostraron que son mucho más que eso y que sus temas propios, como Ultima Nocte, merecen mucha atención. Si a las virtudes musicales les sumas una cuidada puesta en escena (con la intervención de dos bailarinas en varios temas), un sonido espectacular, una ejecución perfecta y, sobre todo, una actitud y una sensación de estar disfrutando ellos más que nosotros, puedo afirmar sin duda que Feuerschwantz fueron EL descubrimiento del festival. Y no eran las 4 de la tarde.

Con el listón por las nubes, la tarea de los tunecinos Myrath se antojaba complicada. Tras una espectacular intro con la presencia de varias bailarinas del vientre, pronto empezaron a desplegar su metal progresivo. Técnicamente no estaban mal, siendo el batería posiblemente el músico más dotado de los cuatro, pero su actuación me pareció bastante sosa y lejos de lo que me esperaba. Aguantamos tres temas y nos fuimos a ver qué se cocía en el escenario pequeño.

En el escenario Mark Reale estaban los alemanes Nachblut repartiendo cera. Completamente vestidos de negro salvo por las caras, pintadas de blanco, dieron rienda suelta a su black metal agresivo pero melódico, una vez más perfectamente ejecutado. Dieron al traste con el tópico de que el black metal es aburrido cuando el vocalista se bajó a cantar un tema con el público y me dejaron una buena sensación. Para ser otra banda que no conocía, despertaron mi interés.

Vuelta al escenario Jesús de la Rosa para presenciar el concierto de Stratovarius, quienes salieron victoriosos del primer conflicto de horarios, esta vez con los thrashers Heathen. Quienes hace unos años encabezaran estos festivales ahora se ven relegados a tocar a las 5 de la tarde, en una buena muestra del daño que les hizo todo el circo que montó Timo Tolkki allá por los primeros 2000. Su concierto no estuvo mal, tocaron unos cuantos clásicos (Black Diamond, y la infaltable Hunting High and Low, donde se vio que Kotipelto ya no llega a ciertas notas), pero se desmarcaron con CUATRO canciones nuevas, que aparecerán en su próximo álbum. No estaban mal, pero la cortada de rollo fue épica y remontar esos bajones en un concierto de 50 minutos cuesta mucho.

De ahí nos dirigimos al Reale a sentarnos en la gradita de la pista y asistir con curiosidad a la descarga de Vended, banda que carga con el sambenito de «hijos de Slipknot» por motivos meramente biológicos. Tras ver deambular al vocalista (hijo de Corey Taylor) por el escenario, completamente pintado para el concierto, mientras sus compañeros preparaban el equipo, tomaron por asalto el escenario con una especie de versión aún más brutal de Slipknot. Mucho saltito, mucha máscara, pero creo que a Vended les queda un trecho importante por delante. Tienen buenos mimbres y pueden hacer cosas interesantes en el futuro (andan todos rondando los 20 años), pero les ví un poco faltos de rodaje.

De ahí nos dirigimos una vez más a los escenarios principales para ver las dos últimas canciones de Lord of the Lost, que no sonaron mal, y a continuación gozar del conciertazo de de Exodus. Con un sonido perfecto y una ejecución espectacular, los americanos dieron un auténtico recital de thrash metal rápido y agresivo. Tiraron de temas de todo su repertorio, sin que hubiera un solo momento flojo en todo el show. Destacar la labor del guitarrista Brandon Ellis, de The Black Dahlia Murder, que está sustituyendo temporalmente a Lee Altus, que dio un verdadero recital. Uno de los mejores conciertos del festival, sin duda.

Tras su potentísimo concierto, llegó uno de los momentos más bajos del festival. Incorporadas al cartel a última hora como sustitutas de Sweet, la actuación de The Iron Maidens vino precedida de la polémica sobre si una banda tributo debería ocupar uno de los puestos más altos del escenario principal (yo hubiera metido ahí a Crystal Viper y a ellas colocarlas en el Reale, pero bueno). Pero si su show hubiera sido bueno, no estaríamos hablando de ello. El principal problema es que tuvieron un sonido de mierda. No sé si fue problema de su técnico, de la mesa principal, de lo que sea, el caso es que las guitarras sonaban fatal, los solos no se oían y sólo la voz era mínimamente descifrable. Ellas mismas eran conscientes de ello, porque sus caras eran un auténtico poema. Una pena enorme.

Recuperadas las fuerzas durante el concierto de The Iron Maidens, llegaba la hora de Testament, una de las bandas que más ganas tenía de ver y que me decepcionaron. El setlist no estuvo mal (yo me quedé hasta D.N.R.) y la ejecución fue excepcional: con músicos como Alex Skolnick, Eric Peterson, Steve DiGiorgio y Dave Lombardo la calidad está asegurada, y Chuck Billy está vocalmente en forma, pero el sonido no me gustó nada. Y esta vez fue decisión de la propia banda sonar como un muro de hormigón armado, con todos los instrumentos al mismo volumen (cosa muy típica de las producciones modernas), de manera que al final estábamos ante un batiburrillo súper saturado. Para una banda como Testament es un desperdicio, pero ellos sabrán. A mí me parece que les deslució completamente y acabé por marcharme decepcionado.

Como coincidían con Crystal Viper, otra banda que tenía muchas ganas de ver, para allá que me fui. Qué diferencia, porque la banda polaca liderada por Marta Gabriel sonó potente sin necesidad de agostar al personal. Rodeada de músicos más que competentes, el despliegue vocal del que Marta hizo gala fue espectacular, qué manera de alternar tonos medios con agudos imposibles, todo ello sin dejar de tocar la guitarra. Cayeron Metal Nation y la versión de Santa Reencarnación, con la que la gente se volvió majareta. Conciertazo.

Llegó el momento de los cabezas del cartel, Kreator, que hicieron honor a su posición en el festival y dieron otro concierto espectacular. Metieron temas de toda su trayectoria a los que hicieron honor con un sonido impresionante: sonaron potentes y contundentes pero se podían distinguir los instrumentos, no como en Testament. Aquí sabías en todo momento qué estaba sonando y, sin embargo, era como si recibieras una paliza continua. Temas como Violent Revolution o Enemy of God sonaron atronadores, perfectamente ejecutados por una banda más que engrasada.

Agotados tras un intenso día de calor y conciertos, llegó el momento de retirarse. Me dio pena porque tenía curiosidad por ver a Diabolus in Musica, pero uno tiene sus achaques y no era cuestión de hipotecarse el resto del festival.

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