Cómo acabar con tu propia banda: Iced Earth

Ay, Iced Earth. Posiblemente una de mis bandas de heavy metal favoritas, que en su momento parecía destinada al estrellato pero que finalmente, y si no cambian radicalmente las cosas, terminará estrellada.

Yo descubrí a Iced Earth en 1998, cuando sacaron el genial Something Wicked This Way Comes, tercer disco que publicaban con el vocalista Matt Barlow y donde éste dejaba claro que era uno de los mejores vocalistas de heavy metal del momento, con una voz llena de matices y capaz de dotar de todo tipo de emociones a los temas. Hasta ese momento Iced Earth iban casi a vocalista por disco, siendo el guitarrista Jon Schaffer el dueño y señor de la banda, poniendo y quitando músicos según su parecer.

En aquel momento Iced Earth iban en una línea completamente ascendente: tres discos a cada cual mejor (Burnt Offerings, The Dark Saga -inspirado en el comic Spawn- y el mencionado Something Wicked This Way Comes). Era el momento ideal para grabar un disco en directo, y de ahí surgió el Alive in Athens, mastodóntico triple álbum grabado en la capital griega, donde Iced Earth tenían uno de sus principales feudos: si uno quiere escuchar una banda en perfecto estado de forma, con una química increíble entre ellos y un set-list inmejorable, este es el disco.

Sin embargo, todo lo que sube ha de bajar y el siguiente álbum, Horror Show, una especie de disco conceptual dedicado a los monstruos de la literatura y el cine, no lograba alcanzar las cotas de maestría de los lanzamientos precedentes. No era mal disco, pero no llegaba al nivel de sus predecesores.

Sin embargo, el mayor golpe se lo llevaron tras el 11-S: dentro de la ola de horror que invadió al planeta, Matt Barlow era uno de los más tocados por ella. Empezó a reflexionar sobre su vida y su trabajo y decidió que ya no quería ser una rockstar, que quería ayudar a los demás y se alistó en la policía de Georgetown, Delaware. El mazazo fue duro, muy duro, porque sustituir a Barlow ha sido una tarea prácticamente imposible: primero ficharon a Ripper Owens, pero acabaron trayendo de nuevo a un Barlow no muy convencido que estuvo compaginando su trabajo en la policía con la banda entre 2007 y 2011, hasta su marcha definitiva. Este vaivén coincidió con los discos más flojos de la banda, siendo capaces todavía de sacar algún buen tema (ahí está Ten Thousand Strong) y poco más. Y es que en todos estos años se produjo una rotación continua de músicos, unos abandonando por conflictos con otras bandas, por ofertas de peces más grandes o problemas con la ley.

En 2011, y tras la marcha definitiva de Barlow, Schaffer reclutó a Stu Block, cantante de Into Eternity, logrando lo que era prácticamente imposible: encontrar alguien que era capaz de igualar los agudos de Ripper Owens y el tono dramático de Barlow. Con Block publicaron tres buenos discos (Dystopia, Plagues of Babylon e Incorruptible) y un disco en directo, Live in Ancient Kourion, que por momentos hacía reverdecer viejos laureles.

¿Cuál ha sido entonces el problema? Pues que desde hace unos años Jon Schaffer, el dueño y señor de Iced Earth, ha ido convirtiéndose en un fiel seguidor de las doctrinas trumpistas, replicándolas a la mínima ocasión en todas las entrevistas que daba (hay una en The Metal Circus que es de sonrojar). Cada uno es libre de opinar como quiera, cierto, pero el problema es que Schaffer llevó su convencimiento ideológico un paso más allá: fue cazado por los fotógrafos en el asalto al Congreso americano durante la votación de la investidura del nuevo presidente, Joe Biden. Al parecer nuestro amigo no era sólo un trumpista convencido, sino que era miembro de Oath Keepers, un grupo paramilitar ultraderechista famoso por estar implicado en los disturbios de Ferguson, Missouri.

Su participación en lo más parecido a un golpe de estado que se ha producido en EEUU desembocó en su detención: inmediatamente Hansi Kürsch de Blind Guardian abandonaba el proyecto Demons & Wizards y poco después todos los miembros de Iced Earth salvo el batería Brent Smedley abandonaban la banda al unísono y Schaffer era considerado poco menos que un paria en la comunidad metálica.

Lo último que sabemos es que Schaffer está en libertad provisional tras haber pactado con la acusación federal y haber denunciado a varios de sus compañeros en Oath Keepers, lo que de nuevo ha supuesto otra oleada de críticas y mofas hacia su persona, ahondando en la supuesta cobardía del músico al cerrar el acuerdo.

Schaffer tiene 55 años y se enfrenta a una pena que puede alcanzar los 10 años de cárcel. Su nombre y el de Iced Earth están ahora mismo arrastrados por el fango y todo el mundo del metal (salvo el chalado de Ted Nugent) le está dando la espalda. Pero quién sabe qué puede pasar dentro de 10 años. Si el tipo de As I Lay Dying ha vuelto a las escena musical tras pasar cuatro años en la cárcel por contratar un sicario para que asesinase a su mujer, ¿qué es un golpe de estado en comparación?

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