Leyendas del Rock 2022 – Día 1

Por fin! Tras dos años de espera por motivos de sobra conocidos, salvo para aquellas personas que hayan estado en hibernación desde noviembre de 2019 (más o menos cuando compramos las entradas), por fin llegó el momento del Leyendas del Rock 2020/2022. La decimoquinta entrega del festival es también la que ha sido mi primera experiencia en el mismo y un retorno a los festivales después de 12 años de ausencia.

Vaya por delante una reflexión general sobre el festival: la verdad es que me ha parecido que está muy bien organizado. Casi no hicimos cola para recoger las pulseras, ni para canjear los tokens ni, a lo largo de los cuatro días que estuvimos allí, para pedir en las barras o puestos de comida. La oferta gastronómica era variada sin ser nada del otro mundo, pero al menos podía satisfacer distintos intereses. De precio, bueno, la bebida no me pareció cara para ser un festival, mientras que con la comida sí que creo que se aprovecharon un «poquito» (como muestra, la semana siguiente vi las mismas pizzas en Aqualandia y Terra Mítica a 1 euro menos)*. Los horarios se cumplieron a rajatabla, el sonido en general fue bueno o muy bueno, salvo un par de excepciones que ya mencionaremos y sin tener en cuenta decisiones de mezcla de la propia banda (Testament…).

Sin embargo, siempre hay un margen de mejora, y se me ocurren dos cosas: la primera, y más importante, creo que el Leyendas se tiene que poner las pilas en lo relativo a los WC del camping. Los WC químicos pueden ser una solución, pero se trata de un sistema que requiere una limpieza constante por parte de la organización (además de, por qué no decirlo, un uso más respetuoso para con el prójimo por parte de algún/a cromañón/a que dejaba aquello como la habitación de la niña del exorcista. Hay otros festivales nacionales que tienen mejores opciones en este aspecto.

La segunda, el sistema de tokens no retornables como moneda del festival. En 2022, y existiendo las pulseras digitales en las que ir cargando el saldo y que permiten recuperarlo, andar canjeando fichitas de colorines no sé si es la mejor opción. Una vuelta de tuerca al sistema no estaría de más…

Como último lunar hay que destacar la ausencia este año de las gradas laterales, que otros años permitían descansar a la sombra al público: problemas de suministro ajenos a la promotora, al parecer, hicieron imposible su montaje, lo que al final fue una pequeña putada para los que físicamente ya no podemos aguantar tantas horas de pie.

Pero bueno, la impresión general a nivel organizativo ha sido muy positiva, por lo que ya sólo nos queda hablar de lo verdaderamente importante: la MÚSICA.

Este humilde escriba llevaba desde noviembre de 2019 sin pisar un bolo. Después de perder 2020 entero y sufrir variadas cancelaciones en 2021 (Dvne, Trivium, Dream Theater), el Leyendas ha supuesto mi retorno a la música en directo. Y no me podía hacer a la idea de cuánto la echaba de menos…

En fin, que tras un movido viaje en autobús, me planté en Villena casi a la misma ahora a la que empezaban los conciertos. Allí me esperaban Roger y Virginia, los amigos con los que he compartido camping y conciertos, para recoger mis trastos y llegar al recinto del festival. Entre aparcar, canjear pulseras y demás, hasta mediado el concierto de Obús no pudimos plantarnos allí. Una pena, porque me perdí el retorno de Legion, pero al menos Fortu y compañía demostraron una vez más ser una solvente banda de heavy metal castizo, dando espectáculo en todo momento (sobre todo cuando el batería Carlos Mirat se puso a hacer un solo de escalera de tijera, impresionante cómo con un par de baquetas y la escalera fue capaz de poner a bailar al personal).

A continuación llegó el turno de El Drogas, quien tras el tumultuoso final de Barricada ha continuado con su carrera en solitario. Su concierto fue una gozada, alternando temas de Barricada con sus obras en solitario y coronando con dos clásicos insustituibles de su discografía, No Hay Tregua y Blanco y Negro, que sonaron aplastantes y fueron ampliamente coreados por el público. Y es que El Drogas se ha sabido rodear de una banda muy ducha en lo musical, gozando además de un sonido perfecto (que se descompensó cuando sacó la guitarra acústica, pero que se solucionó rápido desde la mesa). El hombre sigue en forma y demostró ser una auténtica leyenda del rock patrio.

Luego fue la hora de Ñu, quienes para los que no les conocemos en profundidad no dejan de tener la etiqueta de los Jethro Tull patrios. Puede que haya algo de razón de ser en ello, pero el concierto que dieron, y que seguimos de lejos, resultó entretenido y me motivó para ponerme al día con su discografía. Y es que Ñu pagaron, al menos para nosotros, el peaje de estar encajados entre los dos grupos más potentes del día.

Con la noche cayendo sobre Villena (sin que térmicamente hubiera mucha diferencia), en el escenario principal se desplegó toda la iconografía de los alemanes Powerwolf. Hoy en día son una de las bandas punteras de la escena power metalera, pero a mí no terminan de calarme (al menos en disco). He de reconocer que su show fue espectacular, lleno de intrincados juegos de luces, fuego y una dedicación por parte de los músicos espectacular: el teclista Falk Maria no paró quieto, bajando continuamente al frente del escenario a animar al público, (aunque sigo buscando al bajista en el escenario, ya que me pareció que los dos Greywolf llevaban la guitarra). En cualquier caso, la gente estuvo entregada desde el minuto uno y durante los 80 minutos de su show no pararon de cantar y saltar. A mí me gustó, pero me pasó con ellos lo mismo que cuando ví a Rhapsody: me dieron la sensación de algo excesivamente dependiente de pistas pregrabadas y demasiado encorsetado.

Con el show de Powerwolf llegamos al final de la jornada, y es que entre viajes y otras historias estábamos hechos polvo. El jueves se preveía intenso y el cuerpo no está para muchos trotes, por lo que optamos por una pronta retirada a nuestras tiendas de campaña para poder empezar con fuerzas el siguiente maratón de bandas.

*Agudo lector, ya te haces una idea de por qué estás leyendo esta reseña casi una semana después de que terminara el festival. El Leyendas fue un paréntesis en mitad de las vacaciones familiares, así que después del heavy metal ha tocado dedicar tiempo a la familia (y aburrirles con las mil y una anécdotas del festival).

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